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Un Micreo, una Bala

Cuarta columna en el desaparecido sitio Plazastechadas.cl

Pese a lo terriblemente Nazi que parezco tras el tí­tulo que le puse hoy a mi columna, no puedo evitar sentir un suave e incontrolable placer cuando lo leo: “Un micrero, una bala”… Suena hasta poético. Y es tan simple como pensar lo maravilloso que serí­a el mundo, o al menos Chile, si semejantes seres desaparecieran de un dí­a para otro. Pero cuidado, no me refiero a las ruidosas y contaminantes máquinas que dí­a a dí­a aumentan el nivel de contaminación ambiental y atmosférica, sino exclusivamente, a esos seres llamados choferes por algunos, que descargan su frustración, su stress (pasar todo el dí­a sentado frente a un volante, corriendo para ganarse $30 por boleto innegablemente lo es) y sus trastornos sexuales en nosotros, los pasajeros.
Los escolares son los que llevan la peor parte. Deben rezar para que el monstruo (y sólo por este momento cuando digo monstruo me refiero a la máquina y no al micrero) se detenga, aceptar los insultos de la bestia (ahora sí­ hablo del micreo) y después, sean religiosos o no, pedir nuevamente al cielo que frene a menos de 2 Km. De la parada solicitada.
Los micreros, como buen Nazi que me siento en estos momentos, están determinados genéticamente. No obedece a un factor social, cultural ni a la falta de oportunidades. Se puede saber si un niño será micrero simplemente observando su conducta cuando pequeño. Los sí­ntomas son los siguientes:
– El micri (denominación que se les da a los futuros engendros) disfruta de jugar con los amigos a los autitos. La diferencia es que utiliza un camión Tolva y llega al orgasmo cuando saca del camino a un Renault .
– Si el micri tiene la oportunidad, bota a un amigo de la bicileta, practicando para cuando posea su herramienta pro (un microbús)
– El micri tiene sentimientos, pero son ira, stress y crueldad.

Con los micreros me ha pasado de todo. Una vez, después de pagarle, cometí­ la insolencia de solicitar el boleto. El tipo respiró profundo, me lanzó una mirada y, en un estado de ira digno de Hulk o de Moreira, sacó más de 50 boletos de estudiante haciendo un remolino con ambas manos (como cuando sacamos papel higiénico a la rápida), estiró su brazo y me dijo: “Toma, y aprovecha de darle a TODOS los que no le he dado”.
En otra oportunidad, un dí­a sábado me dirigí­a a dar un solemne de Computación. Por supuesto, llevaba solo un disquete en mi bolsillo. Cuál serí­a mi mala suerte de encontrarme con el mismo micrero de la “anécdota” anterior. Como no me reconoció hasta que me subí­, no pudo dejarme abajo. Le pagué, el tipo me dio el boleto (jajajaja) y después agregó: “Shhh, me vai a decirme que el dí­a sábado vai a clases?”… Debo reconocer, que no me enorgullezco de lo que le respondí­, pues fue un comentario clasista y cobarde… Pero que me dio un placer y satisfacción increí­ble, es innegable. Textualmente fue: “Mira; voy a la universidad a dar un prueba, para aprobar el ramo, para seguir estudiando, para titularme, para ser profesional… Y NO UN PUTO MICRERO DE MIERDA!”.
La última vez fue escatológica. Con llamada a carabineros, nos bajamos en medio de la Alameda, no a pelearnos a combos, sino a que un paco definiera si era legal o no que yo pagara estudiante en enero (el paco arrancó y NO es broma). Nos fuimos TODO el trayecto de una hora tirándonos mierda mutuamente ante la mirada atónita de los pasajeros. A dos cuadra de mi casa comencé a tocar el timbre pero, después de semejante espectáculo el maldito no me querí­a abrir. Al llegar a un semáforo, utilicé la salida de emergencia (el pituto que permite abrir manualmente las puertas). Me tiró la micro encima y, de puro orgulloso, ni me moví­ cuando me pasó a más de 80 km/hr a menos de 5 centí­metros del cuerpo.
Pero es verdad, no todos los micreros apestan. Aun recuerdo a uno de los chóferes de la lí­nea Metrobus 74, quien saludaba a todos y cuando te bajabas te decí­a “Que tengas un buen dí­a”. Probablemente fue asesinado por sus compañeros por pensar que es un infiltrado de los HUMANOS!!
Claro, esparcir mierda con ventilador, como lo he hecho yo en estos párrafos es muy fácil. Probablemente yo trabajando de chofer de la locomoción colectiva ya me hubiese pegado un tiro hace rato. Levantarse en la madrugada, manejar todo el dí­a en vehí­culos que poseen motores de camión en vez de los que son diseñados para ese tipo de maquinaria (¿o ustedes creen que las micros son tan ruidosas porque sí­?), haciendo que te mueras de calor y el ruido te cause sordera progresiva y stress… Todo eso para ganar un sueldo de mierda.
Pero a pesar de eso, cuando no me toca EL chofer decente y al pagar mi pasaje el bastardo se demora 10 minutos en darme vuelto sólo para ver si logra botarme cuando frena… Disfruto, disfruto mirándolo a los ojos mientras finge que se extraña, que piensa que estoy loco, pues en mi mirada diabólica hay un solo mensaje y los dos sabemos cual es:
“Rí­ete maraco, total… los dos sabemos que el estar manejando más de 6 horas al dí­a causa impotencia”.

2 comentarios para “Un Micreo, una Bala”

  1. laurita Dice:
    16-7-2005 a las 1:12

    q maricon, = me entretengo, por lo menos piensas y reflexionas acerca de lo q sucede, ya sea en una micro, en el interior mismo tuyo, en los valores y formas de expresarse de la gente, en fin, da lo mismo q sean weas algunas, por lo menos lo haces

  2. Claudita Dice:
    27-7-2005 a las 18:17

    1° decirte q he estado leyendo tus columnas desde algunos dias, ya q por accidente llegue a esta pagina, pero realmente son MUY WENAS!!

    2°Cn respecto a esta columna, estoy de acuerdo….dudo q los micreros sean humanos XD

    Cn love
    >Clau>>

Comentarios

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