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La Música

Novena columna en el desaparecido sitio Plazastechadas.cl

Cuando pequeño tuve la suerte de estar en un excelente colegio. De esos que son caros (doble esfuerzo de mi madre para pagarlo) pero pequeñí­simos, en los que llamas a todos por su nombre, desde el que hace el aseo en las salas hasta los profesores de otros cursos. Aquellos en los que tu profesor(a) jefe pasa a ser un segundo padre o madre. En él las artes como la pintura, la escultura, la actuación y la música eran parte fundamental de la malla curricular. Bueno, por algo tení­amos que dar exámenes libres. Sin embargo, a pesar del esfuerzo de mis profesores y de lo entretenido que eran las clases en las que se trabajaba con algún instrumento musical, nunca, pero NUNCA tuve dedos para el piano… Ni para la guitarra, flauta, trombón, triángulo o siquiera el timbre. Era desesperante pasarse 2 dí­as enteros intentando sacar, y aun recuerdo a la perfección el nombre de la canción, Danza Alemana, cuando mis compañeros lo hací­an en 30 minutos.

Desde 1º básico que mis compañeros avanzaban y avanzaban en flauta y yo me quedaba atrás. La verdad es que me daba lo mismo, no me sentí­a atraí­do por la música así­ como por las matemáticas o jugar a las bolitas. Sin embargo, creo que fue cerca de 4º o 5 básico que mi profesora jefe le recomendó a mi mamá meterme a clases particulares que algunos profesores del colegio daban allí­ mismo. Cómodo y bonito. Cuando ya llevábamos como 2 o 3 meses en clases (Danza Alemana era pan comido) llegó el momento en que todos los alumnos de los talleres o clases particulares harí­amos una presentación. Cada uno presentarí­a un tema, acompañado por su profesor. “Danza Alemana, Danza alemana!!” dije de inmediato, “No, en las presentaciones uno interpreta algo que domine al 100%, así­ que tocarás… Dos por Diez”… DOS POR DIEZ??????? DOS POR DIEZ??????!!!! ¿Saben qué canción es “Dos por Diez”? Clic aquí­. Fue horrible ver a José Pedro tocar “La Flauta Mágica” antes de que yo hiciera lo propio con ese tema patético.

Me gustaba escuchar el Topo Giggio. Mazapán fue en la época de menos edad y me dejó una sicosis que necesito sanar y creo que ustedes pueden ayudarme: “¿Alguien recuerda esa canción que decí­a algo como “El brujito de bulubú, que a toda la población embrujaba sin tornizón…. Pero un dí­a llegó un doctor, en una auto cuadrimotor…. Y saben lo que pasó y saben lo que pasó….” ¿Qué cresta pasó???? Llevo años dándole vuelta en mi mente y no sé en qué termina la canción!!!. Pero bueno, me desvié del tema. Sigamos: Mientras yo me acostaba escuchando “Ahora sí­, a la camita, a la camita” de boca de ese ratón afeminado, de un dí­a para otro y sin saber por qué, pasé a Los Prisioneros. El grupo sanmiguelino estaba en decadencia, es más, un mes después de que compré su cassette “Corazones Rojos” el grupo se disolvió, pero eso no me importaba.

Desde el momento que me cambié a Los Prisioneros (era el único cassette que escuchaba) pasé por otros artistas que avergonzarí­an a cualquiera: Pablito Ruiz, Chayane y creo que hasta Lucero. Bueno, era lo que se escuchaba en aquellos dí­as (los principios de los 90 eran un asco musical). Ah, y esos que cantaban “Vuela, vuelaaaaa, no te hace falta equipaje”. Sin embargo, cuando me cambié de colegio y entré a la enseñanza media toda la música envasada me desagradaba. Claro, vení­a de un colegio que, si bien no logró transformarme en un J.S Bach, al menos me dio un oí­do musical aceptable. Fue por esos dí­as que me comencé a quedar sin música para escuchar y a medida que pasó el tiempo, terminé declarándome “amusical”, algo así­ como apolí­tico de la música. Varios de mis amigos llegaban con CDs de Sol y Lluvia, Silvio, Britney, U2, White Zombie, y nada, nada me provocaba suficiente atracción como para escucharlo nuevamente cuando el CD llegaba a su fin. Para qué hablar de comprar música. Era algo más que la calidad (innegablemente hay artistas muy buenos), simplemente le tení­a bronca a la música.

Recuerdo aquellos dí­as en que comenzaba la edad de los primeros carretes. Esos que, como terminaban a las 1:00 AM eran “top” y te hací­an sentir grande. Incluso algunos llevaban alguna cajetilla de cigarros y pretendí­an que les gustaba fumar… Claro, no sabí­an prenderlos, pero eso era un pelo de la cola. Creo que con Cristian, el “Sapo”, siempre comentábamos el nivel de amnesia que nuestros compañeros y por qué no decirlo, nosotros, experimentábamos en los “carretes”: En el colegio era muy raro ver a un hombre con una mujer conversando y, cuando alguien del sexo opuesto te saludaba, JAMíS era de beso; en las fiestas… Todo lo contrario. Después de llegar a la casa y saludar con un “Hola tí­a” a la mamá del cumpleañero(a) entrabas, preguntabas “¿Cómo está la música?” (daba lo mismo, si pensamos que era el mismo cassette que se poní­a en todas las fiestas) y te sentabas. Que los hombres a un lado, que las mujeres al otro, que las mesas con Fonzzies y Ramitas. Si tení­as suerte habí­an chicles 2en1 de naranja-mango-plátano-chocolate-crema y chispas de cacao, era la época en que experimentaban para poder dar con la fórmula de la goma de mascar más asquerosa, al parecer. Finalmente, esperabas a que pusieran King Africa, Yuri o ese tipo que cantaba “ero manoio, yo no quiero manoio no manoio”, o algo así­, fingí­as ser cool, fuera lo que fuera que eso significase, y sacabas a bailar a alguna compañera que veí­as todos los dí­as… ¿Alguien se sabe la coreografí­a de “El meneito”?

Pero volviendo a mi extraña relación con la música o la falta de una, las cosas cambiaron de un dí­a para otro, creo que a los 16 o 17 años. Un amigo en aquellos dí­as me trajo un CD de un grupo metalero-épico-me-gustan-los-dragones-soy-nerd, llamado Rhapsody, que me dejó alucinando. En menos de una semana ya tení­a todos los discos de la banda italiana. No sé si era la voz de Fabio Lione (horrible decepción al escucharlo en vivo desde la primera fila) los riff de la guitarra de Luca Turilli o la energí­a de la música, pero comencé a darle un uso a ese discman polvoriento que me habí­an regalado para mi cumpleaños. Después vino Sonata Artica, Therion, Avantasia y Kamelot, luego toda la buena música, fuera o no metal (nunca me clasifiqué como metalero).

La música, al fin y al cabo, puede ser vista de mil maneras. Unos aprecian en ella la oportunidad de sentirse parte de un grupo que se viste, habla y comporta de una determinada manera; otros disfrutan bailándola y teniendo un nuevo tema favorito todos los fines de semana y algunos simplemente nos sentamos a deleitarnos con ella. Lo que importa no es el “qué” o “para qué” la escuchas, sino simplemente que entiendas que es eso, algo tan simple y tan maravilloso como música. Nada más ni nada menos.

Nunca fui “amúsico”, sino que en realidad no habí­a descubierto mi frecuencia.

Center of the Universe ““ Kamelot
The Shadow of Uther – Kamelot
Pressure – Anathema
Afro Celt Sound System ““ Release
Toy Box ““ Portishead
It Could Be Sweet – Portishead
The Seven Angels ““ Avantasia
Bohemian Rhapsody ““ Queen
Warrior of Ice ““ Rhapsody
Dawn of Victory ““ Rhapsody

4 comentarios para “La Música”

  1. Tamara Dice:
    10-10-2005 a las 13:44

    No sabia que te gustaba Portishead….Somos dos

  2. brujito de bulubú Dice:
    14-10-2006 a las 16:16

    brujito de bulubú
    habí­a una vez un bru
    un brujito de bulubú
    q a toda la población
    embrujaba sin compasión
    pero un dí­a llegó un doctorrrrrr
    manejando un cuatrimotorrrrrr
    y saben lo q pasó?
    saben lo q pasó?
    noooooooooooooo
    todas las brujerí­as
    del brujito de bulubú
    se curaron con la vacu
    con la vacunalunalunalú.

    jijiji

  3. cande Dice:
    15-10-2007 a las 14:41

    alguien sabe como es la cancion el meneaito el meneaito el meneaito meneaito meneaito mene y hay y hay hay hay hay… lo canta king africa pero no encuentro la letra por favor respondame peor pongan toda la cancioooonn muchas gracias

  4. diana Dice:
    3-3-2009 a las 13:12

    esta musica esta padrisima spero que sigan asi

Comentarios

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