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El Día que me Atropelló un Bus

Como algunos de ustedes saben, fui atropellado por un bus oruga del Transantiago. Como deben deducir, estoy vivo (o escribiendo del más allá, lo que sería un gran “in your face!” para este ateo racionalista). Ésta es la historia de cómo casi pierdo la vida.

Miércoles 26 de Enero de 2009 2010. 16:01 hrs. y yo saliendo apuradísimo a una reunión que tenía, a las 16:30, en el centro. Llamarían de Colombia y yo debía estar presente en ese momento. Era un negocio grande.

Mientras caminaba a tomarme un transantiago o taxi para llegar al Metro (la única opción de hacerlo a tiempo), pensé en pasar a un minimarket cercano y comprar algo para comer. La razón de por qué no lo hice es hilarante ahora: “me sentiría muy estúpido si, por esos 3 minutos extra, cuando voy llegando a Av. Grecia veo pasar una micro”. Ya me había ocurrido antes, así que opté por no caer de nuevo en lo mismo.

Av. Grecia fue ampliada hace algunos años, para poder cumplir con el plan del Transantiago. Se creó una “Grecia Interna”, que consiste en dos nuevas pistas dirección Oeste/Este. Las calles quedaron configuradas de una forma en la debes siempre mirar hacia ambos lados. Ya había llamado mi atención muchas veces. En más de una oportunidad realicé el comentario de “a alguien van a matar allí. Es tremendamente engañosa la orientación de las calles”. Ironías de la vida.

A las 16:05 (lo sé, porque había mirado mi reloj segundos antes) crucé de Sur a Norte, mirando hacia la izquierda. Llegué a la calzada, miré hacia la derecha y crucé de nuevo. Cuando había dado dos o tres pasos, recordé que esa calle era doble sentido, miré hacia la izquierda… y vi un bus del Transantiago. “Que rápido (viene), que grande (es) y que cerca (está)”, recuerdo claramente haber pensado en esa fracción de segundo. Supe de inmediato que me iban a atropellar. Sentí una mezcla de miedo e incredulidad.

Salté hacia atrás como un acto reflejo y di un grito (testigos me dijeron que no fue “muy masculino”, pero a mí me gusta creer que lancé un “Espartaaaaa!”). Mientras iba en el aire, el bus me impactó. Fue un golpe doble. El primero me dio en todo el costado izquierdo del cuerpo: brazo, cadera, pierna. No alcancé a salir disparado cuando la micro me golpea de nuevo (el primer golpe me “giró”, dejándome de frente al bus. Todo esto, en el aire y en fracción de segundos). El segundo golpe fue en el todo el torso, principalmente. No alcancé a pensar nada y todo el aire de mis pulmones estaba afuera. “Que lata, me morí”, pensé en ese segundo. Sí, en serio. No vi mi vida pasar por delante, no sentí un miedo abrumador, paz, ni todas esas patrañas. Me dio algo de tristeza morirme así. Preferiría de viejo o defendiendo a mi familia de un asalto. Pero… ¿Cruzando la calle? No es lo que me esperaba.

Salí volando. No sé qué distancia y es de los pocos datos que no he corroborado con los testigos. Asumo que deben haber sido unos 3 metros. Puede que más, puede que menos. Repito, no sé.
Cuando iba en el aire, recuerdo haberme “dado cuenta” que seguía vivo. Fue mucho tiempo el que me demoré en caer. Mientras “volaba”, pensé “ok, si no me mató el golpe (de la micro), me matará la caída”. Impacto el suelo y me quedo absolutamente inmóvil. Escucho frenar a la micro y un “Por la concha de su madre!”, del conductor.

Abro los ojos para ver si estaba sobre charco de sangre: nada. “Chucha, en una de esas me salvé!”. Fue la primera alegría del día. Qué increíble como aquello que nos hace felices es tan relativo a la situación en la que nos encontramos. “Si llega la ambulancia luego, incluso con una hemorragia interna podría vivir. Me quedaré 100% quieto”. Muevo los dedos de los pies para cerciorarme que no seré el segundo Superman en silla de ruedas. Cierro los ojos y me decido a esperar.

La gente comienza a amontonarse alrededor. Lo sé porque hacen comentarios de lo terrible que fue el accidente. Un imbécil llega y dice “uhhh, que fuerte le pegó. ¿Está muerto?”. A lo que respondo sin pensar “no hueón, estoy vivo… y gracias por el apoyo”. Risas, muchas risas. Creo que fue la única vez que logré que alguien se riera así ese día.

Los curiosos continúan comentando mi accidente, como si yo no estuviese ahí. Realmente, si pudiese pararme y golpear a uno, lo haría. Son cero aporte y comentarios del tipo “mira como tiene la pierna” comienzan a preocuparme. Quizá no la saqué tan barata, pienso. Les comento que hace un par de semanas, junto a mi polola, encontramos a un tipo en Vespucio, en medio de la calle. Nos bajamos y evitamos que le pasaran por encima los autos (estaba muy oscuro).
Yo simplemente hablaba para mantenerme ocupado, pero claramente no había elegido el mejor tópico. Aunque creo que igual era contingente.
Aproveché de comentarles que, mientras yo estaba al lado de él, diciéndole que no se preocupara, que se iba a salvar, las conversaciones de la gente en el lugar, del tipo “mira la rodilla, si la tiene destrozada” o “ufff, está en un charco de sangre” eran lo peor. No fue muy sutil, pero dejé de escuchar decir cuán mal estaba yo y el tema pasó a cuándo llegaría la ambulancia.

¡Que caliente está el pavimento!. En serio, quema. No sé qué temperatura alcanza, pero lo que más me dolía en ese momento, era mi cara y mi hombro desnudos contra el suelo. Quedé con quemaduras superficiales por ello. Cuando digo que quema: QUEMA.

Llega un tipo y se agacha al lado mío. Comienza a preguntarme cómo estoy, me toca el brazo, me dice que lo tengo hinchado (tráiganle un Novel a este Einstein!) e intenta moverme. “¿Eres médico?”, le pregunto. “No”, fue su esperable respuesta. “Entonces, por favor, no me toques”. “Ok”, me dice. “Creo que no me pasó nada grave”, le comento. “Noooo!!” me aclara, apoyado por la gente que estaba alrededor mío. “Si el parabrisas de la micro está roto y quedaste marcado en la parte de adelante”. “¿Qué hueá???? ¿En serio???”. “Sí”, me responden varias personas al unísono. Una señora agrega “si estás marcadito en el vidrio”. Pido que le saquen fotos “Si me salvo, quiero fotos de la micro para poder decir “el otro quedó peor””. Nadie cree que hablo en serio. No obtuve las fotos. Llega Sara.

A Sara nunca la había visto hasta ese momento. Vaya forma de conocer a alguien. Todos me preguntaban donde vivía, para ir a avisar, a lo que respondía “no hay nadie, mi vieja está en Uruguay y le estoy cuidando la casa”. Me consultaban por el teléfono de alguien a quien avisar, pero no me sé el de mi polola. Sólo digo “sweet ass” a mi teléfono, mientras presiono el botón “call” y éste llama. No les conté esa parte, obvio.

Pero Sara quería ayudar en serio. Me preguntó dónde trabajaba mi polola. “Storm Chile”. Llamó a su casa y pidió que contactaran a una tal “Hanna” en esa empresa. No pudieron ubicarla, pero me consta que lo intentó. Se quedó a mi lado hasta que llegó la ambulancia. Opté por dejar que se quedara con mi bolso del macbook (increíblemente, no lo solté en todo el episodio, ni mientras “volaba” gracias al gentil auspicio de Transantiago).

Llega el paramédico, me venda el codo que está sangrando, mientras preparan todo para inmovilizarme. Preguntas de rutina, si estoy consciente, cuánto es es 2+2, si sé cuál es la velocidad media de una golondrina sin carga, etc. “¿Te golpeaste la cabeza?”. “No”, respondí seguro. “¿Cómo lo sabes?”. La verdad es que no lo había pensado. Lo medité unos segundos, me di cuenta que no me dolía y que no recordaba siquiera un roce en todo el episodio. Ni cuando me golpeó la micro, ni al caer y arrastrarme por el suelo. “Ah, ya sé. Años de artes marciales. Si algún reflejo queda, es el proteger la cabeza ante toda circunstancia. Debo haber pegado la mandíbula al pecho mientras caía”. Pasan unos segundos y el lugar está repleto: ambulancias, patrullas de policía y más mirones. Me inmovilizan por completo y me dejan sobre una camilla”. Al parecer, tenía el brazo izquierdo roto, probablemente también  las costillas y la pierna. La zona renal podría estar comprometida.

Sara me pregunta si quiero que me acompañe en la ambulancia. “Me encantaría, pero no quiero que llegues tarde al trabajo. Yo puedo solo”. “Estoy de vacaciones”, me responde. “Si te soy sincero… sí, me gustaría que vinieses conmigo”.

Antes de subirme a la ambulancia, llega el big boss del SAPU. Tuve “la suerte” de ser atropellado a un kilómetro de la central de Peñalolén.
– “Hola, cómo te llamas”
– “Uri”
– “¿Cómo estás, Uri”
– “Atropellado ¿Y tú?”.
– “¡Aquí estamos tratando de ayudarte!”, me responde, molesto.
– “Perdón, sólo estaba intentando bromear. Estoy mal“.
A ver ¿Qué mierda te va a responder un huevón recién atropellado por una micro si le preguntas “¿Cómo estás?”? “Mira, bien. El trabajo está mejorando y conocí a una mujer maravillosa, pero me duele un poco TODO EL PUTO CUERPO PORQUE ME ATROPELLÓ UN BUS… ¿Y tú? ¿Qué tal la familia?”.

Las camillas son enanas. No, en serio. El brazo izquierdo estaba molido y tenía que afirmármelo con la mano derecha, porque no tenía donde apoyarlo. Los pies se me salían por abajo y mido 1,87, no 2 mts. Los paramédicos bromean un poco cuando no pueden cerrar la puerta de la ambulancia porque mis pies lo impedían. Me meten un poco más adentro, Sara está sentada a mi lado y partimos.

El paramédico me revisa y me pregunta si soy enfermo de algo. “Sí, soy enfermo de simpático. ¿Cuenta eso?”. No recuerdo su respuesta, pero se lo tomó bien (no como el pelotudo que me preguntó cómo estaba). Bromeamos un poco y llegamos en cuestión de minutos al centro de emergencias.

Llega un médico Ecuatoriano y comienza a revisarme. ¿Conclusión? Probablemente no me muera, pero le preocupa mi brazo y un riñón. Me preguntan si iba al trabajo, si estoy afiliado a alguna mutual, etc. “Iba al trabajo, pero soy independiente. No estoy contratado. Y no estoy afiliado a ninguna mutual. Lo deben haber escuchado antes, pero… no pensé que algo así me podría pasar”. Sí lo habían escuchado antes. Mientras me dejan con Sara un segundo, meto mi mano al bolsillo y encuentro intacta mi aperrada Treo 680. Existen smartphones duros y ella. Funcionaba perfecto. Bueno, también influye el hecho de que estaba en mi bolsillo derecho y no recibió el impacto de la micro. Pero mi Snobphone hubiese muerto de puro fleto que es (sí, tengo un iPhone y lo encuentro snob… so what!?).
Llamo a Hanna (la busqué en la agenda, no era el momento de decir “sweet ass”) y le digo “me atropellaron”. La paso con Sara quien le explica que estoy bien. Ninguno de los dos menciona la micro.
Me derivan al Hospital Dr. Luis Tisné.

En el hospital pude constatar que la atención pública de salud es una mierda. Estuve más de 4 horas para casi nada. Debo haber esperado 2,5 horas, en una sala con viejas a las que les dolía la panza, sólo para que me hicieran las radiografías. Existía bajo riesgo de una hemorragia interna, porque en esos casos sube la presión arterial (que me midieron al llegar), pero no estaba para nada descartado.
Sara seguía conmigo. A estas alturas ya le decía que, cuando me recuperase, la invitaría a comer. Era lo menos que le debía.
Me llama Felipe. Contesto. Antes de que me diga que esa noche tenemos póker le cuento lo que me pasó. Insiste en ir a verme, me niego y cuando me cuenta que está en vacaciones (¿por qué mierda todos tienen vacaciones, menos yo?!), acepto.

Llega Hanna, me ve y se le escapan unas lágrimas. Se debe haber asustado. Yo me habría asustado. Estaba manchado entero en sangre, por mis brazos parecía Reggie  y tenía una cara de… “me atropelló una micro”. Luego llega Felipe. Entre los dos, al cabo de unas horas, piden hablar con el jefe de turno. Le explican que me habían atropellado, no estaba ahí por un dolor de guata. Después de eso, me llevan a radiografías, me hacen la alcoholemia y me dan de alta.

El diagnóstico definitivo fue: no tienes la pierna fracturada, no tienes las costillas fracturadas, no tienes la cadera, ni el brazo fracturado, no tienes hemorragia interna. Vete a casa, antinflamatorio y reposo y, si no orinas sangre en las próximas 48 hrs., descartamos el daño renal. Y no, no tenemos idea de cómo te salvaste.

Así que, en resumidas cuentas, no sólo quedé con vida, sino que descubrí que, si Dios existe e intentó matarme por ser ateo y reírme de él, demostró nuevamente que hace las cosas peor que el gobierno. También me quedó claro, aunque no pretendo intentarlo de nuevo, que hace falta harto más que un bus de varias toneladas para sacarme de circulación. Sí, soy más duro que Chuck Norris.

Hace algunos días, mientras compraba mi antinflamatorio en la farmacia, mostré a los dependientes del local el “pequeño moretón” que tenía en la cadera. Una de las chicas gritó (y no estilo “OMG, es Ricky Martin!”), llegó el farmacéutico hombre del local, me pidió que se lo mostrase a él (lo hice) y surgió una conversación del accidente. Cuando me iba del local, el tipo me dice “oye, déjame preguntarte algo: ¿Cambió tu forma de ver la vida, después del accidente?”. Lo pensé por varios segundos y respondí 100% sincero: “no, para nada. Salvo en una cosa: ahora miro hacia los dos lados cuando cruzo la calle”.

21 comentarios para “El Día que me Atropelló un Bus”

  1. Vortex Dice:
    19-2-2010 a las 22:58

    Creo que nunca había leído una crónica de accidente tan graciosa. Lo leí a carcajadas.

    Reitero que me alegro que no te haya pasado nada más grave.

    Saludos !

  2. @gentz Dice:
    19-2-2010 a las 23:09

    dios mio me hiciste reir mucho ,yo le tengo pavor a los vehiculos, ahora sobre la salud publica siii es una mierda
    cuando choco el taxi q me llevaba a casa estuve de 2 pm a 12 de la noche caga de hambre y escuchando como la mina q nos choco seducia a los pacos Fail

  3. Pabl0 Dice:
    20-2-2010 a las 2:36

    Concuerdo con Vortex, nunca me había reído tanto leyendo una crónica de accidente.

    Que bueno saber que no te pasó nada grave más allá de los golpes, las magulladuras y el dolor de las quemaduras.

    Nos vemos, cuídate!

  4. Hermes Dice:
    20-2-2010 a las 13:19

    ahahahah eres un csm! HAHAAHAH, por lo visto el ego no salio dañado
    Dejaste la vara alta con esa salvada, que bueno que “no te paso nada”
    un abrazo

  5. Cosmic_dog Dice:
    21-2-2010 a las 13:09

    Morí de risa con la conclusión de que dios te intento matar por ateo. Linda crónica.

  6. Orlando Dice:
    21-2-2010 a las 13:50

    No recuerdo como llegue a leer esto, pero concuerdo con Pabl0 y Vortex. Muy entretenida la crónica y bastante impactante también… y bueno lo mejor de todo es que no fue nada muy grave
    Saludos

  7. coke Dice:
    21-2-2010 a las 14:00

    Creo que si algo bueno queda de este accidente, es un escritor de la puta madre. Desconozco tu profesión, pero desde ya deberías plantearte una carrera en la literatura, no paré de leer hasta llegar al final, y es una de las cosas más interesantes que he leído en harto tiempo. Saludos desde Viña del Mar.

    Ah, llegué acá gracias a un link de JP192 en twitter.

  8. Naturali Dice:
    21-2-2010 a las 23:23

    Pucha, si no tuviera tanta pega, hacía una tira cómica de tu accidente. No podís ir pensando tantas cosas en segundos de vuelo…y golpes.

    La suertecita, Uri. Un saludo!

  9. Jedicriss Dice:
    24-2-2010 a las 8:43

    wow! concuerdo con los comentarios anteriores, estuve muy entretenido leyendola, en verdad espero que estes bien y bueno eres muy gracioso para contarla.

    una consulta (tipico lector que se queda con ganas de mas) que paso con sara?

  10. Fireman_jair Dice:
    19-3-2010 a las 9:27

    Es genial tu relato, tu situacion vivida no tanto, pero es genial como escribes de una manera fenomenoide y la verdad que asi como escribes debes de ser una persona entretenida cuidate un abrazo.
    hay que estar atento al trafico de santiago que los conductores de micro en una oportunidad casi me atropellan los pies por bajarme de la vereda a la calle en un paradero.-

  11. Daniel V. Dice:
    29-3-2010 a las 21:08

    Y como me vengo a enterar de esto AHORA?

  12. da lo mismo Dice:
    14-4-2010 a las 11:12

    oye pero y que paso con Sara!!!!?

  13. Catalina Dice:
    20-4-2010 a las 16:37

    Sweet ass! Jajajaja q weon mas loco, desde el atropello q fue lo mas frack que lei hasta hoy, hasta el nombre que le das a tu polola en el telefono… Que fue de Sara?

  14. teffy Dice:
    10-6-2010 a las 14:37

    jejejeje
    ksi me muero de la risa leiendo tu historia
    y en gran parte porque tienes mucha razon, increiblemente a mi me paso lo mismo y todo loq dics es mui cierto con respecto a todo mas a las ironias q te pregunta la gente en ese momento xD

    lamentablemente yo todavia me recupero d mi accidente, sin ningun daño irreparable 🙂
    pero parec increible el solo hecho dq aiamos sobrevivido a algo d loq no muchos tienen la suerte de vivir para contarlo, (y cuando digo no muchos mejor dicho ksi nadie en realidad xD

  15. joaquin núñez Dice:
    12-10-2010 a las 9:34

    y que paso con la reunión, el negocio?

  16. Uri Dice:
    12-10-2010 a las 10:30

    @Joaquin:
    No llegué a la reunión y el negocio nunca se dio (pero no por eso).

  17. PAULA DONOSO Dice:
    6-12-2011 a las 10:39

    UFFFF.CREO QUE PORPRIMERA VEZ, NO PUDE PARA DE LEER, REALMENTE, LA IRONIA FRENTE A UNA SITUACION TAN FUERTE Y TU CAPACIDAD DE RESILIENCIA EN UNA SITUACION DE CRISIS, IMPRESIONAA….ERES TOTAAAAAAAAL 🙂

  18. Segundo Superman Dice:
    13-7-2013 a las 20:34

    La gracia de mover los dedos a ver si eras el segundo superman en silla de ruedas… sobra

    Te lo dice alguien que miró, lo hizo igual que tu, y no se movieron. No se mueven. luego estuve muerto. No es gracioso y no os aburriré.

    Si no te cambió la vida es porque no estuviste al otro lado de la linea que te dice que es el final y todo cuanto conoces quedará atrás. Ese minuto en el asfalto en el que aceptas la muerte y le dices al que tienes agarrándote la mano “dile a Sandra que la quiero”
    Pero despiertas.
    Entonces es cuando te cambia y valoras cada segundo, pese a no sentir ni mover desde el pecho a los dedos de los pies.

    me alegro que estés bien y no pasaras por esto

  19. Uri Dice:
    31-1-2014 a las 2:31

    Segundo S: lamento profundamente las consecuencias de tu accidente y si de alguna forma te ofendí o herí con mi comentario. Lo que me ocurrió fue anecdótico y, después de un par de semanas caminando graciosamente, pasé a recordarlo con una sonrisa. Tu situación es distinta e, indudablemente, el episodio cambió radicalmente tu forma de mirar la vida.

  20. hector Dice:
    2-4-2014 a las 18:32

    de varias toneladas para sacarme de

  21. Perla Dice:
    8-8-2015 a las 1:59

    Me gusto tu historia, te entiendo, a mi hace dos meses me atropeyo un microbus y los golpes fueron tan similares a los tuyos, hasta lo de volar, pero yo no tuve suerte, se me hicieron dos heridas una con un gotero donde me estaba desangrando y el otro donde se asomo el hieso, sufri una fractura expuesta, te envidio, no te paso nada, que suerte. Me dio mucha risa y me senti tan identificada…. si las camillas son tas pequeñas, son tan incomodas….
    Alfin encontre a alguien que me entiende de lo que sientes cuando te atropeyan y crees que estas a punti de morir, y si, siempre va a ver el imbecil que diga que ya estas muerto… a mi igual me toco un imbecil.
    XD

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