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Buenos Aires

Decimocuarta columna en el desaparecido sitio Plazastechadas.cl

Me encuentro en Bs. Aires, disfrutando del premio que obtuvimos con el equipo de debate en el último torneo en que participamos, sentado en un cybercafé, intentando controlar la resaca y el sueño para cumplir con mi deber Plazastechadí­stico.

Buenos AiresHabí­a estado antes en Argentina, pero no en esta ciudad, en la que hay por lo menos diez lugares “similares” al Parque Forestal… Con esteroides, por lo colosal y espectacular de los mismos por sobre el que se encuentra en Chile. Caminar por Av. Callao y encontrarse con 10 obras de teatro distintas anunciadas en afiches gigantes; ver las inmensas librerí­as, donde compré “Más allá del bien y el mal” en una edición y traducción de lujo por $8 argentinos, algo así­ como $1.600 de Chile (de haber buscado más, lo habrí­a conseguido por $4); comer, beber y carretear como si el mundo se acabara mañana… Viva la república argentina, CHE!.

Nicolás se vino un par de dí­as antes que nosotros y se alojó en una pensión de mala muerte, ya que el premio sólo incluye hotel por 3 dí­as. La cara con que nos recibió tení­a algo de tragicómica: El dí­a anterior a nuestra llegada, Nico decidió ir al casino, donde perdió hasta el dinero que reservó para el taxi, teniendo que caminar 3 hrs., a las 4 de la mañana, para regresar a dormir. Nos reí­mos, lo molestamos hasta el cansancio y la anécdota quedó se esfumó luego, recordando la vergí¼enza que pasó Matí­as al retirar las maletas. Cuando tomó la suya y nos preparábamos para dejar el aeropuerto, se acercó una guardia de seguridad y emplazó a mi compañero indicándole que se llevaba una valija que no era de él, y señalándola, dijo algo que no comprendimos bien y que incluí­a el nombre completo de Matí­as. Si fue o no de manera prepotente aun está en discusión, pero por lo que yo vi y escuché, no. Matí­as tomó aire, infló el pecho y, como buen histérico-colérico gritó con una vena que a momentos parecí­a salirse de su frente: “SI USTED REALIZA UNA ACUSACIÓN DE ESTA ENVERGADURA, DEBE TENER MUY BUENA PRUEBAS”, y sacando su billetera le mostró su carné de identidad, donde se leí­a su nombre: “Matí­as V….”. Lo curioso fue la cara de la mujer, que sólo se limitó a mirarlo con una sonrisa y agregar: “Usted tiene toda la razón, Matí­as V…. es su nombre, como se lo indiqué. Pero en la maleta dice HERIBERTO LÓPEZ!!!!”. Matí­as se quedó blanco, no por haberse llevado la maleta equivocada, sino porque la reacción que tuvo con la guardia ameritaba, CUANDO MENOS, tener la razón. La vergí¼enza se hizo colectiva y Matí­as, pasa intentar salir digno dijo en un tono casi femenino: “Ah, es un error comprensible. La maleta tiene el N° 325 y mi ticket también. Se debe haber equivocado la compañí­a aérea”. “Por supuesto que posee ese número, pues es el del vuelo”, agregó ella, “Todos los pasajeros que viajaron con usted en el avión tienen ese número. Si se molesta revisar donde dice “N° de equipaje”, quizá encuentre el suyo”. Matí­as se dio media vuelta y se dirigió a buscar la maleta que le correspondí­a cuando la mujer agregó: “Señor, llévese la maleta al lugar de donde la sacó originalmente, por favor”. Tuvo su venganza doble.

Después de ese altercado, escuchar la historia de Nicolás perdiendo la mitad de su presupuesto Bonaerense sonaba divertido, pero no era la gran cosa. Comimos, compramos Vodka de $6 ($1.200 de Chile) y discutimos de cuanta estupidez pudimos hasta que la escasez de agua tónica nos obligó a salir. Allí­ salió la brillante idea de Nicolás: “Vamos al casino a cobrar los ticket para el bar que incluye el pack”. Pero como a preguntas estúpidas, respuestas a la altura, no lo pensamos más de 10 segundos y ya estábamos en un taxi conversando con el chofer de cómo pintaron la Casa Rosada con sangre de buey, cal y cebo.

Casino de Buenos AiresLas mesas de Black Jack atrajeron al Nico más rápido que al Alejandro un par de tetas. Los primeros cinco minutos nos encontrábamos los tres que aun mantení­amos la compostura convenciéndolo de que se retirara. Al poco rato éramos todos detrás de él rogando porque saliera un As, presionándolo para que doblara la apuesta y llorando con él al ver como el croupier se llevaba “nuestras fichas”. Por suerte esta vez tení­amos dinero para el taxi.

Así­ que aquí­ me encuentro, al otro lado de la cordillera, sentado nuevamente frente a un computador, cumpliendo a medias con aquellos que leen semanalmente esta columna (porque como se habrán dado cuenta, esta vez escribí­ un poco “a la rápida”). Deséenme suerte, hoy vamos con Nico a ganar lo perdido ayer para poder recuperar los pasajes de regreso… Mentira, mentira; pero serí­a entretenido ¿No?.

Un comentario para “Buenos Aires”

  1. palius Dice:
    7-9-2006 a las 17:32

    QUE MAL ME CARGO!!…ajjajaja broma,broma. pa variar re wueno, exelente columna.
    moraleja: reservemos plata para el taxi, seamos siempre respetuosos tengamos la razon o no y alejemonos de los casinos?? jjaaja
    ¿Siempre que sales te pasan cosas tan extrañas? tu vida es un carrete!

    cariños.

Comentarios

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